Margarita María Alacoque, nació el 22 de julio de 1647, en Verosvres, Francia, Sus padres fueron Claude Alacoque y Philiberte Lamyn. Falleció, 17 de octubre de 1690 de (43 años) en Paray-le-Monial, Francia. Fue beatificada 18 de septiembre de 1864, por el papa Pío IX. Fue canonizada 13 de mayo de 1920, por el papa Benedicto XV. Basílica del Sagrado Corazón. Su fiesta es el 16 de octubre.

Es patrona de los adoradores del Sagrado Corazón de Jesús.

MÁXIMAS DE SANTA MARGARITA

“Dios es mi todo, y todo, fuera de Él, es nada para mí”.

“El Corazón de Jesús tanto cuidado tendrá de vosotros cuanto os confiéis y abandonéis a Él”.

“Cuando no miramos más que a Dios, ni buscamos otra cosa que su divina gloria, no hay nada que temer”.

“En la voluntad de Dios encuentra su paz nuestro corazón y el alma su alegría y su descanso”.

“Todas las más amargas amarguras no son más que dulzura en este adorable Corazón, donde todo se trueca en amor”.

“Es preciso darlo todo para tenerlo todo; el amor divino no sufre mezcla de cosa alguna”.

“Es bueno caminar por la fuerza de su Amor en sentido contrario a nuestras inclinaciones, sin Otro placer ni contento sino el de no tener ninguno”.

“Las cruces, desprecios, dolores y aflicciones son los verdaderos tesoros de los amantes de Jesucristo crucificado”.

“El mayor bien que podemos tener en esta vida es la conformidad con Jesucristo en sus padecimientos”.

“El Corazón de Jesús es un tesoro oculto e infinito que no desea más que manifestarse a nosotros”.

PRIMERA VISIÓN DE JESUCRISTO

El 27 de diciembre de 1673, en la festividad de san Juan Evangelista, sor Margarita María, tenía 25 años, estaba en adoración ante el Santísimo Sacramento. Jesucristo se le apareció, y lo continuo haciendo durante dos años más, todos los primeros viernes de mes.

En 1675, durante la octava del Corpus Christi, Jesús se le manifestó con el corazón abierto, y señalando con la mano su corazón, exclamó:

“He aquí el corazón que ha amado tanto a los hombres, que no se ha ahorrado nada, hasta extinguirse y consumarse para demostrarles su amor. Y en reconocimiento no recibo de la mayoría sino ingratitud.”

“Mi Divino Corazón, está tan apasionado de Amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en él las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de ignorancia, a fin de que sea todo obra mía”.

Jesús le dijo: “Mi amor reina en el sufrimiento, triunfa en la humildad y goza en la unidad”.

Según el testimonio de Margarita, el Corazón estaba rodeado de llamas, coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y del interior emergía una cruz.

Después de dicha visión, Margarita destacó entre sus hermanas por su fervor ante el Santísimo Sacramento y obediencia en todo lo requerido de su persona, cumpliendo fielmente sus obligaciones. La superiora la nombró ayudante de las hermanas de enfermería, se dedicó a este oficio con caridad sin límites. Sin embargo, más sufrió mucho, ya que la enfermera casi nunca aprobaba la labor, aunque Margarita ponía todo su empeño en cumplir su oficio, en su autografía, expresó:

Me emplearon en la enfermería y Dios, sólo puede conocer lo que tuve que sufrir allí. El demonio me hacía caer con frecuencia y romper cuanto tenía en las manos y, después, se burlaba de mí, riéndose en mi misma cara, diciendo: “Torpe, jamás harás nada de provecho”. Me quedaba con tal tristeza que no sabía qué hacer, ya que con frecuencia me quitaba hasta el poder decírselo a nuestra Madre, porque la obediencia abatía y disipaba todas sus fuerzas.